2.28.2011

Disneylandia de la guerra


“Hace mucho que me cansé de buscar exclusivas embarradas de sangre” escuchaba de la boca de Gervasio Sánchez hace unos cuantos días en Barcelona en una conferencia realmente interesante sobre el espectáculo de la guerra.


Mientras diferentes Gobiernos y multinacionales que nos rodean capitalizan y financian diferentes guerras por el mundo, no hay que subestimar el “narcotráfico” y el uso que se hace de ese lamentable espectáculo de las balas; el mercado mediático.


El que va a cubrir un conflicto puede hacer la maleta de dos maneras:
1- Con el objetivo de ver, comprender, respetar y presentarle al mundo los horrores y víctimas de la guerra acompañado de un trabajo serio de denuncia a sus responsables directos e indirectos.
2- Con el objetivo de vender la exclusiva, salir en prime time del noticiero y si hay sangre y humo como fondo del escenario, mejor que mejor. Junto con un pensamiento de...: ojala que haya mas muertos para seguir unas semanas más por aquí trabajando y publicando, es que esto de ser periodista está cada vez más complicado para poder vivir de ello...
(testimonios basados en hechos reales)

Furio Colombo en Últimas noticias del periodismo dice que “viajan en pack, creando una Disneylandia de las noticias y renunciando a tener criterio propio”, pues eso, aparte de dar una visión superficial, amiga del poder y de fácil consumo del conflicto (lógica de la sociedad capitalista) el periodista se convierte en una persona obsesionada con los números: reduce el dolor de las víctimas a número de muertos, llega a pensar que cuanta más sangre derramada más le durará el contrato laboral y se repite a sí mismo que cuantas más guerras en su curriculum más fama y mas batallitas que contar. Parece enfermizo y neurótico, pero el periodista se convierte en la ansiedad consumista con patas, el cinismo en persona, eso si, no dudará en justificar su trabajo hablando de “objetividad” y “profesionalidad”.


Aparte de servir a las empresas que financian el medio para el que trabajan -que no andan nada lejos de ser las mismas empresas que financian las bombas que luego ellos mismos filman, fotografían y nos venden por la tele- son personas cobardes. Primero, porque nunca cuestionan el poder, a los verdaderos responsables de la barbarie, porque no dudan en enseñarnos el morbo de la guerra, por ejemplo, mostrarnos a niños soldado en vez de investigar quién les compra esos juguetes en forma de fusil, “no vaya ser que tirando del hilo llegue a quién me ingresa el sueldo en mi cuenta bancaria”. Y en segundo plano, son cobardes ya que a poder ser, ni siquiera salen a la calle (a no ser que seas fotoperiodista, el trabajo ya te exige imágenes aunque sea con teleobjetivos)... informan desde la terraza del Hotel de 4 estrellas donde se alojan los periodistas, si hay que entrevistar a alguien entrevistan al taxista con cara “indígena” del país y tienen conexión a internet para poder dar la noticia durante 24 horas en directo desde el Twitter.  El poder de lo mediático, el consumir la noticia en el momento es lo que importa.

Eso si, cuando parece que no caen mas bombas o estalla otra guerra más sangrienta, cierran la maleta no sin antes comprar algún souvenir del país para la familia y vuelven a casa para planear cuál será el siguiente objetivo o “viaje mediático”. Mientras, la tierra que han dejado atrás se dedica a enterrar muertos, llorar las desapariciones, sufrir el estrés post-traumático, etc etc... viviendo la otra cara  de las guerras, la que está puertas para adentro, más sutil, escondido, menos evidente y menos explícito.  La palabra posguerra suena demasiado a eufemismo ya que tras las bombas empieza una etapa quizás menos sanguinaria pero sin embargo mas dura y mucho mas larga, un capitulo más agónico de la misma guerra. Las víctimas son doblemente victimizadas, primero por el efecto catastrófico de las balas y bombas de los uniformados y más tarde, por el efecto traumático de ser protagonistas de un espectáculo mediático donde después serán abandonados, olvidados, apartados y rechazados por los mismos que meses antes les daban algún que otro dólar para contar su testimonio ante las cámaras.

Totalmente de acuerdo con el mensaje de Gervasio; El mundo se está mirando en términos de utilidad, y no en términos de humanidad.
La guerra, el dolor y las víctimas no son espectáculo.
La guerra es un circo macabro y cínico (mediático y militar)...
Miembros del Ejército Colombiano, en una función de circo en Soacha (Colombia)

Es nuestro compromiso el cubrir responsablemente los conflictos y respetar la dignidad de quienes la sufren, aportarle un poco a la verdad mediante la investigación y denuncia de los responsables de la barbarie y no olvidarnos que lo que importa no es nunca nuestro trabajo, sino las personas que aparecen retratadas en nuestros trabajos.

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