2.18.2011

¿Acaso por no tener territorio estamos al margen de tener fronteras?

/ Es necesario haber estado en el centro de la polémica para poder medir la importancia del nombre que los gobiernos desean que se dé a lo que consideran parte integrante de su territorio o una pertenencia legítima de su patrimonio cultural /

Una frontera siempre implica dos partes diferenciadas, no hay dentro sin el afuera, la existencia de una depende de la parte contraria. Dos partes que se complementan o se cuestionan mutuamente para crear entre ambos el sentido o sin sentido del conflicto.
Es imposible olvidar a aquel que ha aceptado quedarse delante de mi camara y mirar. Nuestra tierra amanece y anochece entre siglos de existencia y golpes de odio. Aquí, desterrados y en continuo punto de mira, nuestra identidad se ha convertido en un proceso creado desde la invisibilidad y lo etéreo, de la memoria y de la historia. "No nos convertimos en lo que somos sino mediante la negación íntima y radical de lo que han hecho de nosotros" dice Sartre... y es que los cuerpos se reafirman y se niegan simultáneamente con sus miradas calladas; son individuos y somos colectivo, y allí siguen, allí seguimos, de pié, zutik, encima de ese territorio, los dueños de Nada.
¿Acaso por no tener territorio estamos al margen de tener fronteras?
Entre los dos lados hay un túnel oscuro y sin luz, un túnel para reflexionar, decidir y buscar el sol que nos quiere alumbrar. En una canción llamado Ohiu (grito) se dice que está prohibido sangrar a pesar de que la herida está abierta, que gritamos aunque nos quieran dejar sin voz. Si, nosotros miramos desde el borde del precipicio y gritamos que estamos vivos en medio de los muertos, así mostramos nuestra resistencia al silencio.
Estamos muertos si no gritamos que estamos vivos. Hilik gaude bizirik gaudela oihukatzen ez badugu.

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada